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    El enfoque de las Smart Cities o ciudades inteligentes son el resultado de la necesidad cada vez más imperiosa de orientar nuestra vida hacia la sostenibilidad y “la base la transformación (hacia las ciudades inteligentes) es la identificación ciudadana”, aseveración que explicaremos desde esta tribuna.

    Principalmente el discurso de transformación digital, economía digital y ciudades inteligentes está liderado por el enfoque de infraestructura: construir, activar, habilitar y conectar a los usuarios a las tecnologías implantadas y que luego, que los usuarios las aprendan a utilizar.

    Pie de foto: La asequibilidad es el mayor reto para el futuro de la adopción tecnológica de nuestros ciudadanos afirma la GSMA. Crédito: @asaelpena

    Desde hace una década, el enfoque de infraestructura ha avanzado y dejado una huella tecnológica a su paso, generaciones de conectividad 2G, 3G y 4G, potenciando la revolución de datos móviles y el Internet de las Cosas. Ahora tenemos un nuevo reto el despliegue del 5G.

    Pero en la medida que avanzó la implantación, se produjo otro fenómeno que registran organismos en toda la región: la falta de asequibilidad para lograr una adopción equitativa. Tanto el PNUD y la GSMA –para mencionar dos– en informes separados, relatan como las poblaciones en Latinoamérica no han podido seguir el ritmo al modelo de infraestructura y de obsolescencia programada.

    En cifras concretas, para el año 2018, el 33% de la población en Latinoamérica es suscripción de Banda Ancha Móvil, 57% tiene cobertura pero no es un usuario de Banda Ancha Móvil y 10% no tiene cobertura –de una población de 634 millones de habitantes. Para el año 2025, según la GSMA la penetración será de un 67% en una población de 700 millones de habitantes. La asequibilidad es el mayor reto para el futuro de la adopción tecnológica de nuestros ciudadanos.

    Por esta razón, en nuestro territorio, el mapa de desarrollo humano nos muestra el reto de las políticas públicas en materia de infraestructura móvil. La conectividad es un reto en poblaciones que no pueden pagar por el acceso y los recursos del Estado no son infinitos para subvencionar el acceso eternamente.

    Pie de foto: La base de las ciudades inteligentes es la capacidad de articular servicios a los ciudadanos. Dada la falta transversal de estas capacidades –identificadas de forma tempranas por las grandes empresas tecnológicas– han hecho que la adopción del ecosistema esté siempre fragmentado, entre versiones de sistemas operativos, proveedores, operadores, etc. Crédito: @asaelpena

    En el evento Asunción & Bolivia Media Show que celebró este año, el sector de telecomunicaciones fue claro al mencionar que “a pesar de la gran actividad y aceleración de consumos durante la pandemia, las telcos no tradujeron la demanda de datos en ingresos, un desafío para mejorar retornos a los inversionistas, a diferencia de otros sectores, aunque esta problemática es previa al covid”.

    La UIT estima que se necesita una inversión de USD 428.000 millones para achicar la brecha digital a nivel global. Pero es estima que estas inversiones se realizarán si hay previsibilidad y reglas claras para que las inversiones se desplieguen naturalmente.

    Una estrategia de inversiones sin un mercado clave definido y una base de usuarios que se quede en el modelo freemium (gratuito) y jamás pase a la suscripción, no representa el “alimento” que necesitan las empresas tecnológicas (telecos y OTTs) para recuperar sus inversiones. El ARPU (Average revenue per user o ingreso promedio por usuario) y los datos son la base en los modelos de negocio digitales, para lograr una rápida adquisición de cartera o una retención de la cuota de mercado.

    Entonces, si el mercado es lo suficientemente avanzado (ya tenemos más de un millón de suscriptores de 4G en nuestro país, por ejemplo), ¿debemos considerar una mejora de la identificación ciudadana para lograr modelos de conectividad más sostenibles? La respuesta es sí.

    Recientemente la Unión Europea anunció sus planes para crear una cartera electrónica de identidad digital que tendrá validez en toda Europa, reportó el fin de semana pasado el periódico El País. Cualquier ciudadano europeo podrá hacer en los 27 Estados miembro lo mismo que hace en su propio país, sin costes adicionales y sin obstáculos. La cartera digital les permitirá, entre otras cosas, alquilar un piso o un vehículo, abrir una cuenta bancaria, solicitar un préstamo, presentar la declaración de impuestos, registrarse en un hotel o inscribirse en una universidad.

    Pie de foto: Debemos invertir en las aristas de infraestructura, identificación ciudadana, datos y en los demás temas TIC de fondo. Por este motivo, la conversación multisectorial es más vital que nunca y considero que los actores análogos deber invitar a los digitales a la misma mesa. Crédito: @asaelpena

    La base de las ciudades inteligentes es la capacidad de articular servicios a los ciudadanos. Dada la falta transversal de estas capacidades –identificadas de forma tempranas por las grandes empresas tecnológicas– han hecho que la adopción del ecosistema esté siempre fragmentado, entre versiones de sistemas operativos, proveedores, operadores, etc. La Unión Europea reconoce con su movimiento, que desde que los ciudadanos están conectados, la identificación hace verdaderamente inteligente a la sus Estados.

    Cuando exponemos la tecnología a los ciudadanos sin una política y modelo de negocio responsable, estaremos diseñando ciudades inteligentes no inclusivas. La inclusión es lo que intentan lograr las grandes transformaciones en otras geografías.

    Pero mi posición no es la verdad absoluta. He aprendido a través de dos décadas que cuando abordamos temas tecnológicos, éstos tienen múltiples aristas. Considero que la homologación y la inclusión de los actores clave desde cada arista y/o especialidad es vital para empujar soluciones que generen un impacto transversal más amplio.

    Debemos invertir en las aristas de infraestructura, identificación ciudadana, datos y en los demás temas TIC de fondo. Por este motivo, la conversación multisectorial es más vital que nunca y considero que los actores análogos deber invitar a los digitales a la misma mesa.

    En la República Dominicana tenemos una gran ventaja para dar un gran paso adelante (Leap Frog, como se verbaliza en los ecosistemas de emprendimiento acelerados), al no repetir los mismos errores de otras naciones, sino analizando sus resultados, mejores prácticas y seleccionando la mezcla que nos permita producir desarrollo para las personas. Sin dejar a nadie atrás.

    El autor es Presidente de la Cámara TIC.