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    Toda crisis, independientemente de su causa, empuja a la sociedad y a las organizaciones a reinventarse y adaptarse al nuevo entorno con gran celeridad. Sin duda, esta crisis de la COVID-19 no es la excepción.

    Aunque nos deja cifras escalofriantes, especialmente en Latinoamérica y el Caribe donde, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), 41 millones de personas perdieron su trabajo por la pandemia, también presenta una oportunidad para las corporaciones para demostrar su carácter y su posicionamiento estratégico. En este proceso, la innovación en comunicación y valores intangibles como la transparencia pueden ser un aliado clave para lograr mejores resultados, tanto para reducir la intranquilidad dentro del equipo como para salvaguardar los puestos de sus colaboradores y hacerlos sentir valiosos.

    Pie de foto: Según la OIT alrededor de 41 millones de personas perdieron su trabajo por la pandemia por lo cual tuvieron que atreverse a pensar y hacer cosas diferentes. Crédito: @toolboxla | Unsplash

    Por tanto, en este contexto no solo se trata de incorporar la tecnología en todos nuestros procesos sino de asumir una actitud exploradora, tener coraje, lanzar y poner a prueba nuevas ideas, en resumen: atreverse a pensar y hacer cosas diferentes, de manera diferente.

    El caso de PMI

    En Philip Morris International Inc., pronto entendieron que para afrontar este escenario de incertidumbre debían lanzar un mensaje claro a través de su organización en el que la comunicación se convirtiera en la herramienta fundamental para establecer un conjunto de principios rectores que atestiguaran el fuerte compromiso de la empresa con la seguridad laboral y la tranquilidad de sus empleados. Para ello, desde el 16 de marzo de 2020 -cuando la firma aconsejó a la mayoría de los empleados de sus oficinas que trabajaran desde casa- implantaron 3 principios clave desde la óptica de la estabilidad laboral, estabilidad financiera y el reconocimiento especial.

    Philip Morris International prometió la estabilidad laboral, financiera y reconocimiento especial durante la pandemia a sus empleados. Crédito: @yogendras31

    En primer lugar, la compañía erradicó todos los rumores de inseguridad estableciendo una política de cero despidos durante este período de crisis, a menos que fuese por causa justificada, poniendo en espera cualquier plan de reestructuración a corto plazo. Esta estrategia, que impone la transparencia como eje de la responsabilidad social de la empresa es definitivamente una táctica de creación de valor indispensable en un mundo donde más de la mitad de la gente teme perder su trabajo ante la crítica situación generada por la pandemia[1].

    En segundo lugar, la firma se aseguró de informar a toda su plantilla de que, independientemente de su capacidad para desempeñar plenamente sus funciones profesionales durante este período, seguirá proporcionando una compensación regular a todos sus empleados. Esta es su forma de demostrar que, dado que el coronavirus nos afecta a todos por igual, la única respuesta posible es fomentar un espíritu de solidaridad nunca antes visto para tratar de sacar adelante a nuestras familias.

    Por último, el tercer pilar de esta estrategia consistió en celebrar los premios de reconocimiento especial que consisten en otorgar un reconocimiento especial durante este período de crisis a los empleados que necesiten estar físicamente presentes en sus lugares de trabajo habituales (en fábricas, en almacenes, en el campo o en oficinas), en la medida en que lo permitan las reglamentaciones locales.

    [1] https://www.infobae.com/economia/2020/08/20/por-la-pandemia-de-coronavirus-mas-de-la-mitad-de-las-personas-tienen-miedo-a-perder-el-trabajo/

    Pie de foto: Entre las medidas que ha tomado PMI hasta la fecha fue invertir más de 24 millones de dólares solo en Estados Unidos para luchar contra la pandemia. Crédito: @bermixstudio | Unsplash

    Pero esto solo es el principio, el compromiso de la firma no ha llegado solamente a sus empleados, sino que una parte integral de su apoyo lo está brindando a las comunidades afectadas por la crisis de COVID-19 en todo el mundo.

    La entidad ha estado trabajando activamente contra esta pandemia desde su comienzo, emprendiendo iniciativas en más de 60 países en los que sus empleados viven y trabajan entre las que destacan: donaciones monetarias y en especie, así como el trabajo voluntario de equipos para apoyar los esfuerzos nacionales y locales para combatir el virus. Las actividades también incluyen el suministro de equipamiento y materiales de protección a sus asociados comerciales, el apoyo a las comunidades de atención primaria, así como el apoyo financiero a las instituciones y ONG que trabajan para poner fin a esta crisis. Hasta la fecha, PMI ha invertido más de 24 millones de dólares sólo en Estados Unidos para luchar contra la pandemia y su objetivo es seguir ofreciendo ayuda a los que más lo necesiten.

    Este es uno de los muchos ejemplos que existen de compañías que han revolucionado su manera de operar y comunicarse tanto de forma interna como externa, con el propósito de mostrar su capacidad de adaptación y reinvención para responder de forma efectiva a las necesidades de sus clientes y también garantizar internamente el empleo y la continuidad de la empresa. Pero existen muchos otros, como el caso de L’Oreal, que congelará las facturas de peluquerías y perfumerías hasta que puedan reabrir sus negocios. O Nestlé, que colabora con Cruz Roja Internacional con 11 millones de dólares para cubrir necesidades básicas en los diferentes países del mundo afectados por este virus. O el caso de Procter & Gamble, que por su parte ha puesto en marcha una colaboración de 597,000 dólares con esta misma ONG para ayudar en la creación de centros de emergencia médica destinados a los afectados.

    Sin embargo, las grandes multinacionales no son las únicas que han fomentado este compromiso por contribuir a generar esperanza, sino que son muchas las pymes o entidades locales, que a pesar de no contar con la fuerza que proporciona el amparo del capital financiero, han decidido apoyarse en la imaginación y creatividad para ser parte del movimiento solidario con iniciativas tan dispares como: encuentros online para compartir las preocupaciones de los compañeros, nuevos canales en redes sociales internas para establecer mejor la comunicación con los empleados, campañas de recaudación de fondos en los barrios más vulnerables o recomendaciones de programas sobre alimentación saludable, gestión del estrés, ergonomía, promoción de la actividad física y un largo etcétera. Lo que está claro es que todo suma.

    En definitiva, esta situación sin precedentes pone a prueba la resiliencia y capacidad de reacción del mundo corporativo, que se encuentra bajo el escrutinio de millones de miradas de preocupación, que piden empatía, honestidad y liderazgo a la hora de llevar a cabo iniciativas de apoyo a la comunidad y a sus trabajadores puesto que son sus vidas la que están en juego.