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    En búsqueda de reducir los daños colaterales de las operaciones industriales, las multinacionales han acudido a la responsabilidad empresarial como una necesidad consciente de poder contribuir al medioambiente en retribuir a través de acciones eco-amigable el medioambiente.

    Esta política medioambiental da respuesta a los efectos que ha perjudicado en la salud los malos hábitos de consumo que han trastornado al medio ambiente. En este sentido se plantea el caso de Philip Morris International (PMI) que se destacó con estrategias claves para cuidar a los consumidores de cigarrillo a través del sistema IQOS. Así también se plantea la operación de las empresas como EcoRed, que promueve el uso de energía limpia en las operaciones industriales y el sector financiero como el banco BHD León y Popular encaminado en invertir en paneles solares.

    Para implementar en el sector empresarial el interés en la reducción de impacto la cultura 3R se destaca con la creación de Nuvi a través de la (reducción, reutilización, reciclaje) para hacer el aprovechamiento de todos sus recursos al máximo.

    Es así como conoceremos la hoja de ruta de las empresas que han implementado medidas más sostenibles en sus servicios y productos.

    Ya es parte de una norma voluntaria en República Dominicana: cada vez más las compañías quieren garantizar su economía, al tiempo que buscan reducir los daños los colaterales que provocan sus operaciones o, incluso, sus productos. Es la práctica de reducción de impacto, que para muchísimas multinacionales forma parte de su cultura y que, en países como el nuestro, son ejemplos de responsabilidad empresarial.

    Esta política es también la respuesta empresarial impuesta por consumidores cada vez más consciente de los efectos a su salud de los malos hábitos y de sociedades cada vez más exigentes, con compañías cuyas operaciones trastornan al medio ambiente. Viéndolo de esta forma, se trata también de una estrategia de supervivencia que han entendido las empresas, como Coca-Cola.

    La responsabilidad empresarial es un avance que se busca la reducción de impacto de las industrias en la sociedad. Fuente: Carlos Horton- Shutterstock

    En 2016 esta compañía de bebidas vio disminuidos sus ingresos netos en un 5%, al mismo tiempo que en Estados Unidos, por primera vez, el agua embotellada superaba las gaseosas en volumen, según registros de Beverage Marketing Corporation. Una respuesta a esta nueva ola de conciencia han sido sus bebidas sin azúcar.

    Por otro lado, los más de 7,200 millones de dólares que ha invertido la compañía tabacalera Philip Morris International (PMI) funciona también de ejemplo de este concepto de “reducción de daño”. Esta inversión, acompañada de 430 científicos y más de 10 años de investigación dieron como resultado el IQOS, un dispositivo que permite calentar el tabaco en lugar de quemarlo, eliminado así el humo convencional del cigarrillo combustible y consigo más de un 90% de los agentes nocivos. En República Dominicana, más de 8,000 de estos dispositivos han sido vendidos, siendo este lugar uno de los que ha tenido mayor acogida en Latinoamérica.

    Philip Morris International propone el sistema IQOS como una alternativa para reducir el riesgo de las sustancias nocivas del cigarrillo. Fuente: Lubava Voit – Shutterstock

    La política de reducción de daño de PMI gira en torno a tres puntos clave: “si no fumas, no empieces. Si fumas, déjalo. Si no lo dejas, cambia”, a un producto de riesgo reducido. “Hoy creemos que no hay espacio para grandes empresas que no trabajan desde la responsabilidad. Y al mismo tiempo, cuidar de nuestros consumidores es cuidar la continuidad de nuestros productos en el largo plazo”, apunta la tabacalera.

    Pero en República Dominicana, siguen siendo las grandes compañías las que, generalmente, apuestan por cambiar hacia modelos de operación menos dañino, siendo la generación de energía limpia de las iniciativas más asiduas (además de sostenible, garantiza ahorros), explica María Alicia Urbaneja, directora ejecutiva de Ecored, una organización que promueve la responsabilidad social y el desarrollo sostenible de las empresas. Ejemplos muy puntuales los tiene el sector financiero, con los bancos BHD-León y Popular, encaminados al consumo de energía limpia con millones de pesos invertidos en paneles solares.

    En búsqueda de la reducción de su impacto las empresas han implementado la cultura de las 3R (reducción, reutilización, reciclaje). Fuente: Francisco Rodriguez Herna – Shutterstock

    Urbaneja asegura que cada vez más, el sector empresarial dominicano se muestra interesado en establecer iniciativas de reducción de impacto. Una muestra de ello es la creación, en enero de este año, de Nuvi, la mayor alianza privada alineada a implementar la cultura de las 3R (reducción, reutilización, reciclaje) y aprovechamiento de residuos, que arrancó con la recuperación de botellas plásticas.

    Pero aclara, todavía las pequeñas empresas en términos generales no cuentan con decisiones de reducción de daños y la razón más común que identifica es la falta de información. Lo cuenta a raíz de una experiencia que tuvo con promovedores del Estado, donde se les enseñó acciones muy sencillas, como campañas internas para reducir el consumo de agua o energía: “Nos decían que con pequeños cambios, hicieron que sus colaboradores se sientan más a gusto”.

    Otro ejemplo interesante en este sentido es lo que básicamente intentan hacer las cementeras, un sector cuya producción depende completamente de la explotación de recursos naturales. La directora ejecutiva de la Asociación de Productores de Cemento (Adocem), Julissa Báez, explica que el gremio que agrupa a seis grandes empresas, cinco de ellas con matriz extranjera, están poniendo en marcha el proyecto “hoja de ruta para una economía baja en carbono” que busca controlar las emisiones de dióxido de carbono de sus operaciones, producto de la combustión. Y una de las propuestas de este proyecto es utilizar la basura para generar energía.

    “Desechos como plástico, papel y cartón pueden ser utilizados como combustible en la industria del cemento. Este proyecto es casi un piloto y no lo damos por sentado porque se requiere de avanzar en muchos temas, como por ejemplo una ley de residuos”, explica Julissa Báez.

    A falta de reglas claras, son tímidos los intentos: “Cemex ha estado haciendo pruebas con llantas usadas, otra empresa ha usado aceites residuales. Son productos que se están probando, pero las proporciones son muy mínimas porque necesitamos un marco legal para poder hacer (garantizar) las inversiones”. Clara muestra de que las buenas intenciones no son suficientes para poner en marcha proyectos de gran envergadura, aunque pasito a pasito se avance.