Lorem ipsum dolor sit amet, consectetuer adipiscing elit, sed diam nonummy nibh euismod tincidunt ut laoreet dolore magna aliquam erat volutpat. Ut wisi enim

Suscríbete a nuestra lista de correos

Recibe mensualmente el contenido más destacado de cómo la ciencia, la tecnología, el emprendimiento y la innovación pueden incidir significativamente en la reducción del daño para crear un futuro mejor.

    Existe una diferencia entre teletrabajo y trabajo remoto, dos términos que –aunque la gente lo usa indistintamente– no son exactamente la misma cosa.

    La gran dicotomía, sin embargo, que surge ante este escenario para los distintos sectores va en el sentido de si, cuando todo esto pase, regresar al estado anterior de producción y trabajo o si aprovechar las circunstancias para continuar creciendo.

    Y esto lo decimos en especial bajo la realidad de que República Dominicana debe hacer profundos cambios en sus paradigmas para aprender a conectarse con la aceleración que evidencia el mundo, reduciendo así la gran brecha digital que nos afecta.

    Bajo la realidad de que República Dominicana debe hacer profundos cambios en sus paradigmas para aprender a conectarse con la aceleración que evidencia el mundo, reduciendo así la gran brecha digital que nos afecta. Crédito: @surface

    No olvidemos que la tecnología es el único medio que nos puede ayudar a reducir esa brecha, generando también riqueza y democratización.

    Ante las nuevas circunstancias, es necesario hacer énfasis en la diferencia entre teletrabajo y trabajo remoto, en vista de que nos hemos visto en la obligación de cambiar nuestras modalidades de trabajo y, a menudo, ambos términos son empleados indistintamente, a pesar de tener naturalezas diferentes. Procedamos.

    El teletrabajo son las actividades que se realizan entre un patrón y un empleado utilizando herramientas tecnológicas que habilitan, facilitan y aceleran la productividad.

    Por otro lado, el trabajo remoto son las actividades que se establecen en un domicilio fuera de la empresa, por lo general en un espacio definido. Este último término, considero, es la tendencia hacia la cual debemos movernos para una verdadera transformación en pos de lograr una mayor productividad y que, en tal sentido, hay una serie de paradigmas que deben ir cambiando con esta transformación.

    Hay que tomar en cuenta -no obstante- que existe un punto de reversibilidad en el trabajo remoto en donde se exige retornar al lugar físico. Por esto se debe observar siempre el trabajo como algo maleable que irá moldeándose según las condiciones, estableciendo así una relación líquida entre quien contrata y quien ejecuta.

    En ese tenor, uno de los males de la vida corporativa es precisamente ese “sentido de desconexión” que muchas veces muestra el empleado, desconectándose por completo de su rol y función al no estar en su puesto, situación que el trabajo remoto contraataca, favoreciendo -ante cualquier eventualidad- que el empleado se preocupe por su medio de producción y continúe con la atención del mismo.

    El teletrabajo son las actividades que se realizan entre un patrón y un empleado utilizando herramientas tecnológicas que habilitan, facilitan y aceleran la productividad. Crédito: @surface.

    Podemos afirmar que el futuro del trabajo es la atomización de las funciones y la subcontratación. Esto supone obligatoriamente un cambio paradigmático a las estructuras industriales profesionales.

    ¿Y a que llamamos cambio de paradigma? Al hecho irrefutable de que las empresas deben prepararse para colaborar de manera digital y remota con microsuplidores, de un modo que sean cada vez más las industrias automatizadas.

    De esto no lograrse, solo estaríamos contribuyendo a la permanencia de modelos viejos de trabajo. Lo decimos amparados en cifras del Foro Económico Mundial, los cuales revelan que en cinco años se estarán creando alrededor de 123 millones de empleos nuevos.

    Esto principalmente gracias a las innovaciones que conllevan una nueva línea o proceso de producción, dejando claro la aceleración y transformación que experimenta el mundo.

    La mejor manera de abordar esta realidad para las empresas es modernizando su concepto de éxito y promoviendo modelos de negocios que aprovechen al máximo las herramientas actuales.

    Un ejemplo: en el sector turismo se están trabajando iniciativas para atraer turistas a nuestro país y con ello movilizar y mantener el flujo económico, a pesar de que supone un gran riesgo por la situación de pandemia, cuando una mejor solución podría ser considerar los modelos de negocios existentes que brindan opciones tecnológicas a menor riesgo, como los tours virtuales.

    Otra idea puede versar en cuanto a la creación de marketplaces digitales por cada provincia, de manera que cada cámara de comercio pueda promover sus productos y el Ministerio de Turismo -con el dinero de promoción del país- fortalezca la difusión y publicidad de esta plataforma.

    Visto lo visto, podemos aprovechar esta situación para virtualizar nuestros procesos y estrategias. Mas aun, ¡estas ideas pueden ser ejecutadas de manera remota, sin necesidad de reunir empleados en un lugar físico! Todo se trata al final de desarrollar un ecosistema que potencie el desarrollo humano.

    Podemos afirmar que el futuro del trabajo es la atomización de las funciones y la subcontratación. Esto supone obligatoriamente un cambio paradigmático a las estructuras industriales profesionales. Crédito: @surface

    Sin embargo, el teletrabajo no va a funcionar si no hay una verdadera transformación, del mismo modo que no va a impactar si se continua viéndolo como algo transitorio y no como una nueva forma de operar de los negocios emergentes y de aquellos que quieran sobrevivir en el mañana.

    El estado también juega un papel fundamental en la transformación digital. Ya hemos comentado anteriormente lo notoria que ha sido la visión de digitalización por parte de la administración de las diferentes gestiones del gobierno. Sin embargo, a veces se deja de lado el hecho de que este es un proceso lento que amerita la participación de todos los sectores, incluyendo el empresarial y la sociedad civil.

    La innovación precede a la regulación. Por ende, las leyes no van a cambiar tan rápido. Por eso las empresas deben preparar sus procesos y negocios, exigiendo a los hacedores de políticas públicas que entiendan que el mundo y la forma de producción cambiaron para que entonces podamos abrir la discusión y hacer un trabajo en conjunto.

    No se puede dejar de lado de todo este proceso a las personas envejecientes y en situaciones de discapacidad. La transformación digital debe ser inclusiva, desarrollando un sistema que forje un cambio de paradigma y les permita trabajar desde sus hogares, una debilidad presente actualmente en nuestro sistema de seguridad social en términos de garantías.

    Esta transformación puede empezar de manera paulatina, automatizando tarea por tarea de manera constante, desechando la idea de que las innovaciones eliminan la fuerza laboral humana, ya que más bien la transforman de acuerdo a las necesidades existentes.

    Así como los gigantes tecnológicos que todos conocemos tienen la cultura de mantenerse motivados en sus negocios, con la visión y pasión de aquel primer día, también debemos de hacerlo nosotros, reconociendo que podemos cambiar el futuro desde aquí, en el presente.

    Lo apropiado, pues, es tratar de aprovechar esta situación y seguir hacia delante construyendo un mejor futuro.